Cómo se mide esto

Cada precio tiene su hora y su fuente. Esta página explica cómo se juntan las lecturas, contra qué se comparan y cuándo se descartan.

Por qué cada cotización lleva su propio sello de tiempo

Una pantalla puede mostrar un precio viejo sin decirlo. Por eso cada lectura trae su marca horaria, y si una supera las noventa y seis horas se descarta y se registra como descartada, no se publica.

No alcanza con que la página parezca fresca: el dato tiene que estar fechado. La hora de cada cotización se compara con el momento de la lectura para evitar arrastrar un precio de otra rueda.

El mayorista como base de toda comparación

El mayorista es el precio de referencia del mercado, el que usan los bancos y el comercio exterior. Todos los demás precios se forman encima de él, con recargos o escasez.

Por eso cada sobreprecio se mide contra el mayorista: es la única base común que permite comparar rutas distintas sin elegir un dólar “verdadero”.

Cuando la lectura no se puede confiar, no se publica

Hay días en que faltan datos: no hay mayorista, quedan menos de tres bonos líquidos o la tarjeta no supera al oficial. En esos casos no se escribe nada.

La regla es simple: si la medición no cumple las condiciones mínimas, el sitio no inventa un número. Prefiere el silencio a un dato flojo.

Los límites de una medición de precios

Esto no es una recomendación de compra ni una promesa de ganancia. Es una foto de los precios en dos momentos del día, con sus fuentes y sus descartes a la vista.

El lector ve el mismo dato que el editor: la cotización, su hora, la fuente y la diferencia con el mayorista. Nada se interpola ni se ajusta.